Rosato advirtió que la primarización de la economía ya provocó que el 97% de la pérdida de empleos registrados sea industrial: “No hay otro sector que reemplace esa demanda”

El presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, alertó por la aceleración del proceso de primarización de la economía argentina, que dejará a más del 75% de los trabajadores desamparados del empleo registrado, y lamentó que, debido a la recesión industrial y al cierre cotidiano de fábricas, el sector se haya convertido en este 2026 en el mayor expulsor de empleos debido a la inviabilidad de los negocios que agregan valor nacional, generada por la ruptura de la cadena de pagos en “prácticamente todos los eslabones”.

“La Argentina reconvirtió el modelo de país de empleo y desarrollo en uno extractivista y primario, en donde apenas tres sectores explican un ingreso fuerte de dólares al país, de modo de garantizar la estabilidad macroeconómica y financiera, pero abriendo una puerta en donde miles de fábricas, comercios y servicios que estaban enlazados de manera directa e indirecta, y que generaban riquezas y las multiplicaban con empleo, ahora están en procesos de cierres definitivos, con la consecuente pérdida de puestos de trabajo”, sostuvo.

Rosato destacó el último informe del Observatorio IPA, en donde quedó claro que, de las últimas 11.000 empresas que cerraron durante el último año, “fueron casi 2.000 fábricas las que cerraron sus portones para siempre”. “Como anticipamos, la industria es la última en despedir a un trabajador por la formación constante que tiene y por eso aguanta hasta la última consecuencia. Este año ya estamos en la etapa final y por eso vemos que, de los 16 sectores que integran la economía, la industria explicó casi todo el desempleo en enero”, sostuvo.

El presidente de IPA adelantó que “el plan de primarización, con una balanza comercial positiva por el apagón de los motores de las fábricas, tendrá su crisis en el empleo de manera más profunda en este 2026, porque las empresas que se reconvirtieron y pasaron a ser importadoras ya completaron su fase de achique, pero las que están en funcionamiento comenzaron a tener graves problemas para sostenerse y se multiplicaron las alarmas por cierres”.

El informe del Observatorio IPA, que conduce el economista Federico Vaccarezza, respaldó la advertencia de Rosato al demostrar que la industria pasó a concentrar la inmensa mayoría de los despidos. El documento expuso que, a nivel general, el sistema «perdió otros 7.593 empleos registrados» frente a diciembre de 2025. Sin embargo, al desglosar el dato, resulta que en la industria manufacturera «la contracción intermensual fue de 7.336 empleos», explicando prácticamente la totalidad de las desvinculaciones del mes.

El deterioro sectorial se agrava al analizar el mediano plazo: el reporte precisó una «caída interanual de 47.785 puestos de trabajo (–4,0%)» y subrayó que «desde el inicio del ciclo en diciembre de 2023 la caída total del empleo en el sector manufacturero acumula 79.672 trabajadores registrados».

Esta dinámica de erradicación de puestos de trabajo está íntimamente ligada a un exterminio de las unidades productivas. A nivel general, la economía evidenció que «el número de empleadores aportantes se redujo a 488.177», lo que implica una «caída interanual de 11.194 unidades». Al poner la lupa estrictamente sobre las fábricas, el Observatorio IPA alertó que «el deterioro también resulta significativo: se contabilizaron 46.728 empresas activas, frente a 48.540 en igual mes del año previo (–1.812 firmas)».

La inercia contractiva que golpea al corazón del valor agregado refleja además que, «desde el inicio del ciclo en diciembre de 2023, el sector manufacturero acumula una disminución de 2.993 empresas» que bajaron sus persianas de forma definitiva.

En relación a la actividad económica, el documento certificó un retroceso extendido al marcar que el índice general «registró una caída del –2,1% interanual y –2,6% mensual desestacionalizada». No obstante, el impacto fue demoledor en el tejido productivo: «la actividad industrial registró en febrero una nueva caída del –8,7% interanual y –4,0% mensual, acumulando ocho meses consecutivos de contracción».

La asfixia de las fábricas encuentra su causa directa en un mercado interno completamente deprimido. El reporte arrojó que «el consumo registró en febrero una caída de –3,1% interanual y –2,1% mensual, profundizando la dinámica contractiva». Esta crisis de demanda es tan aguda que las familias se están endeudando para cubrir necesidades elementales: el informe remarcó que «casi el 60% de las compras realizadas en supermercados fueron realizadas mediante el endeudamiento de los consumidores», evidenciando un «mayor uso del crédito para sostener las compras básicas, reflejando el deterioro del poder adquisitivo de la población».

Lejos de representar un síntoma de desarrollo integral, el frente externo desnudó las falencias del esquema macroeconómico. Si bien «marzo registró un superávit de USD 2.523 millones», el Observatorio IPA sentenció que esto consolida «un esquema de superávit con sesgo recesivo y una creciente primarización exportadora».

Según IPA, «este escenario de ‘superávit por compresión’ sugiere que, si bien el frente cambiario se fortalece, la actividad económica interna y la inversión en bienes de capital e insumos productivos continúan operando bajo un esquema de restricción y enfriamiento». La prueba de este apagón de la inversión es que «las importaciones evidenciaron una caída del 7,3% debido a una fuerte contracción en las cantidades adquiridas (-10%)».

El estudio analizó la política cambiaria y advirtió sobre el ahogo a la competitividad que sufren las empresas argentinas. Durante el mes de abril, «el tipo de cambio minorista se ubicó en torno a la zona de $1.400 – $1.420 por dólar, permaneciendo estable en un contexto de inflación cada vez más elevada». Esta asimetría, donde «mientras la inflación se acelera, el dólar se mantiene casi sin cambios incrementando considerablemente los precios en dólares», fue definida por el Observatorio como un letal «efecto pinza»: «los costos en pesos suben rápido mientras que el tipo de cambio casi no se mueve», condenando a la industria nacional a quedar fuera del mercado global y cediendo cada vez más terreno frente a la competencia importada.